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miércoles, 20 de mayo de 2009

Historias de Hoy. Cap 1



Era una de las más gelidas mañanas del invierno, y cuando se levanto de la cama sintió que el frío le calaba hasta los huesos recordándole sensaciones que creía olvidadas hacia tiempo. Su pijama de raso rojo estaba raido por los años de uso, hacia tiempo que no podía permitirse el lujo de comprar un pijama nuevo, "ni siquiera un maldito pijama" pensó para sus adentros.
Se encaminó hacia el cuarto de baño con paso lento, dudando si levantarse o si volver a la cama, de todos modos que mas daba estar despierto o dormitando durante todo el día, apenas si le quedaban unos pocos ahorros, mas bien escasos, lo justo para poder comprar arroz o patatas para una semana, solo para una semana, y eso contando con que el casero no le reclamara el alquiler de ese mes, había acordado con el una prorroga en sus pagos, pero esa prorroga de unos días se había convertido en varios meses, por suerte, el casero era comprensivo, además quien coño iba a querer alquilar ese cuartucho de mierda, perdido en medio de Madrid, en un sucio callejón en el que ni las ratas se atrevían a entrar, probablemente sea ese el motivo por el que no le reclamaba el alquiler, y también por el cual hacia meses que no tenia ningún trabajo, pensó.
Cuando se miró al espejo vio que el reflejo que le devolvía no era el más adecuado para conseguir un empleo. La barba de una semana se arremolinaba desigualmente sobre su cara dándole el aspecto de un vagabundo, quizá eso fuese su verdadero yo, un vagabundo. Tomó una ducha rápida, el agua fría le dejo totalmente despierto, le vino bien, la verdad es que hasta le animó a decidirse, ya bastaba de autocompasión, ya bastaba e quedarse en casa sentado frente a sus viejos libros, ya bastaba de mirar por la ventana espiando y deseando lo que los demás tenían, una vida. Se decidió a afeitarse, cogió una vieja y oxidada cuchilla, y con mucho cuidado comenzó a rebanar los largos cabellos de su barba, intento sin éxito no cortarse, debía de aparentar normalidad, debía parecer un hombre de provecho, un hombre de bien, un trabajador cualificado al cual todo empresario quería tener en su empresa, aun así era difícil no cortarse con aquella vieja cuchilla, no la había cambiado en un mes, que el recordara, quizá más, además a ese dato se le añadía la complicación de afeitarse sin espuma. Cuando consiguió eliminar del todo su barba, volvió sobre sus pasos hacia el oscuro dormitorio, abrió las ventanas para ventilarlo, lo cual descubrió que había sido una mala idea, aun no se había vestido y el aire gélido de la mañana se le clavo en el pecho como si de un millón de afiladas saetas se tratase. Decidió vestirse con la ventana abierta, de ese modo no se entretendría mucho y conseguiría llegar a tiempo a la oficina del INEM, antes de que se llenará de gente que no deseaba trabajar, gente que solo quería una excusa para seguir cobrando el paro y vivir su vida entera sin un puto trabajo que demostrara que era una persona provechosa para la sociedad. Esos pensamientos le venían a menudo, ¿por que a esas personas que no aprovechaban sus oportunidades? les daban un trabajo al mes y el, que buscaba en serio aun no tenia nada?.
El armario estaba prácticamente vació de el solo colgaban tres pares de pantalones viejos, un par de camisas raídas, aunque eso si, muy limpias, y un chaquetón que recordó compró en el corte ingles cuando atravesaba por tiempos mejores, aun así, sacó, de una bolsa negra que colgaba en una percha, un traje negro de raya diplomática, muy elegante, que solo se había puesto en un par de ocasiones, una fue en la boda de su hermano, la otra fue el fatídico día en el que se quedo sin trabajo, tenia una reunión que el consideró importante, se podía hacer con un puesto de importancia en la empresa, por eso se coloco sus mejores galas y salió hacia su puesto de trabajo como hacia todos los días, pero la reunión que el pensaba que le favorecería, lo dejo en la situación en la que actualmente se encontraba, pero eso era otra historia, que no le gustaba recordar. El traje le quedaba ancho, la delgadez extrema de su cuerpo no conseguía llenar un traje que hacia solamente un año que le había sentado como un guante, aun así el cambio era enorme, se había visto varios días seguidos con el viejo pijama de raso y ahora se veía limpio, afeitado y con un traje casi nuevo que le confería un aspecto casi señorial, esto consiguió levantarle la moral.
Pesaba apenas unos cincuenta kilos, eso junto con su metro ochenta de estatura le deban el aspecto de un espagueti estirado, un aspecto casi patético. El cinturón se le ceñía al cuerpo como las guitas se atan a las lechuga, dejando a la vista los pliegues que formaba el pantalón al arrugarse sobre su cintura para poder adaptarse así a ella.
Una vez estuvo vestido y se encontró con fuerzas, cogió las llaves de su apartamento y salió a la calle decidido a encontrar por fin un trabajo, fuese cual fuese, que lo sacase de la extrema pobreza en la que se había sumergido.

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viernes, 20 de marzo de 2009

Momento

Me acerco lentamente

tus ojos me miran,

sonrío,

sonríes,

lanzo al aire una palabra que tu recoges,

bajas la mirada,

te avergüenzas,

y yo, me avergüenzo,

intento girarme,

dar media vuelta,

marcharme,

dejarte allí,

con tu vergüenza,

irme de yo,

con mi desdicha,

mas no me dejas,

me agarras,

me freno,

me hablas, y yo,

soliviantado,

con el corazón trotando,

respondo a tus palabras.

Te vuelvo a mirar antes de marcharme,

te beso la mejilla,

tu, buscas mi boca,

no te la ofrezco,

una simple despedida,

solo eso te digo,

y hablo de tu nueva vida,

mientras, vuelve la vergüenza.

Te cuento que busco mi alma

entre retales de amores,

tu, recoges mis palabras,

silenciosa, melancólica, triste,

cambio de tema,

y así nos evito el mal trago.

De nuevo, me giro,

esta vez, no me sujetas,

me dejas ir,

no me quejo, es lo normal,

pero por dentro,

siempre por dentro,

yo se que aun no es el momento.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

Al corazón del Hombre

Oh calor inmenso que me acompaña el cuerpo, ser vivo de mi ser que eres dueño, o amor entre los amores, señor de todo lo que tengo, y tendré, poema inconcluso que mi alma acaricia, como un sollozo, como un suspiro que de sus labios pasa directamente a los míos, en el transcurso de un espacio de tiempo incalculable. Dame consuelo a los males que mi alma acechan, confina de mi cuerpo la parte mas terrena para dejarme solo lo fundamental, aquello que necesito para comprender la llama que en mi pecho arde, la sensación de frío que en las noches me acompaña, el indescriptible vacío que habita en mi cama, y de la pesadez del agobio que me llena cada noche en la soledad de mi alcoba, inventa para mi un nuevo terreno de juego, en el que las reglas se rompan sin necesidad de haberlas creado antes. Deja que mi pensamiento juegue una vez mas con la idea de su piel, de su cuerpo, caliente pero a la vez frío, de su sentir, de su vivir, de sus manos acariciando mi corazón, pues como plumas que formen parte de sus alas, lo llevaran al cielo, lo sacaran del pecho para trasportarlo, con cuidado pero a la vez con una inusitada fuerza, hacia el suyo, si, hacia el suyo, para no sentirlo mas latiendo en mi pecho, llorando su ausencia, sintiendo su presencia cuando este cerca. Oh compañero de viaje que en mi habitas, parte de mi ser que se esconde en mi pecho, saca de mi esta agonía que siento al no ver su rostro, al no sentir de entre todas las miradas la suya, del deseo de su sonrisa, del caminar extraño que entre la gente hacia mi la acerca, oh compañero ilustre de mi alma, tu que puedes sentir de todo lo que digo la mayor parte, tu que puedes interferir en la vida y la muerte, tu que eres el mas preciado bien que se le dio al hombre, líbrame del sufrimiento en el que me he estancado, y llévame de tu mano por el camino por el que nunca he andado.

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viernes, 13 de febrero de 2009

El Balcón

Aprovechando que mañana es el día de San Valentín, aquí os dejo un relato que he escrito para tal día. Espero que os guste y disculpéis el tiempo que os he dejado huérfanos de mi .

La noche caía lenta, taciturna, casi melancólica, como cae el último beso en los labios de el amor que sabes que acabarás perdiendo, igual que cae una lágrima al suelo al despedirte de ese familiar o amigo que algo te dice que no volverás a ver, las estrellas brillaban a lo lejos, refulgían de azul en todas sus tonalidades y con distintas luminosidades, casi recorriendo la infinita escala de esta mesura, desde las que brillaban como el diamante recién pulido, hasta aquellas que aparecían difusas como una colilla al momento exacto de expirar su última gota de calor, aún así, ella, las miraba todas desde el balcón, las observaba y le parecían todas bellas por igual, como si se tratase de un juego de perlas brillantes dispersas con hábil gracia sobre una suave sábana de seda azul marino casi negro. No brillaba luna alguna aquella noche, hecho que, sin desmerecer las noches de luna llena que tanto apaciguan el alma, hacía más bella la estampa observada, y conseguía que se pudiesen observar hasta los más recónditos y lejanos lugares del universo, si, del universo, de nuestro universo, de su universo, pues ella, allí, en su habitual barandilla, mirando al infinito, así le gustaba considerarlo, su universo.

A pesar de que había hecho unos días de una temperatura sumamente agradable, aquella noche, por obra y gracia del destino, corría una brisa fresquita que conseguía, poco a poco calar los huesos, aún así ella seguía en la terraza, observando el pequeño trocito de su universo que se veía desde su posición, recordando cada momento vivido bajo aquellas perlas, bajo aquella sábana, recordando lo que había sentido la primera vez que lo besó, la primera vez que lo vió, la primera noche que lo echó de menos, así pues, ni el frío que sentía su cuerpo fué capaz de apagar el calor que sentía su corazón, haciendo a su cerebro incapaz de decidir si ir adentro, sentirse bien con su cuerpo pero perder así todos sus recuerdos, o quedarse fuera, hacer caso a su corazón y cederle a éste el control del resto de su cuerpo.

Recordó aquella noche en la que lo besó por primera vez, un beso tímido, precedido de acusaciones y sentimientos encontrados, un corto, pero intenso, un beso, que tarde o temprano llevaría a otro beso, y éste a otro y a otro, hasta que los besos fuesen para ella y para él como un mensaje oculto en un mundo en el que solo ellos podían entrar, hasta que un beso significase más que miles de palabras que pudiesen decir, miles de peleas que pudiesen tener, miles de sentimientos que pudiesen enfrentarlos, separarlos, acercarlos. Ese beso que explotó en sus labios, furtivo, añorante de más tiempo, pero aún así, falto de él, esperando el momento de ser retomado, impaciente, anhelante.
Recordó de igual manera la primera noche juntos, los nervios, el desconocimiento propio de la primera vez, el sentido inconcluso de saber concluida la tarea para la que se estaban preparando, el no saber como comenzar, el amarse sin haberse amado, el ser y no ser del otro desnudo, aún cuando aún no se ha desnudado, las prisas por satisfacer las necesidades fisiológicas que apremian al ser humano, junto con la pausa de saborear el momento y hacerlo único, único para ella, único para el, único para no olvidarlo jamás, para poder darse el gusto de recordarlo, aún cuando sería pecado el volver a evocarlo, para no olvidarlo jamás aún cuando es necesario olvidarlo, ella, aún no lo había borrado de su memoria, él, seguramente tampoco, pues olvidar es difícil cuando se consigue poner todo en un gesto, en una palabra, cuando todo sale como pensamos que debería salir, cuando consigues ser, de una vez por todas, una sola persona divida en dos corazones separados por apenas unos centímetros de carne.
La memoria le trajo miles de recuerdos, pensó en riñas, pero se dió cuenta de que siempre acababa pensando en reconciliaciones, pensó en odio, y acabo pensando en amor, pensó en miles de momentos que jamás podría vivir con otra persona, que son únicos que son suyos de ellos de nadie mas, que pertenecían, como las estrellas a su universo, y se dió cuenta, de que no todo estaba perdido si aún conservaba aquellos recuerdos, se dió cuenta de que merecía la pena vivir, aunque solo fuese para poder acordarse de todo lo bonito que le dió la vida.
Y así, sonrió, cerró el balcón con todas sus fuerzas, y pasó el resto de la noche mirando al infinito y con mil recuerdos clavados en su mente y su imagen clavada en sus pupilas.

Dedicado a una persona muy especial para mi, porque debería de saber que siempre estaré a su lado, y que todos, absolutamente todos, tenemos nuestro respectivo balcón para asomarnos a nuestra vida

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lunes, 12 de enero de 2009

Paradigma

Hoy me siento un poco melancolico, asi que toca un poco de verso para intentar con el alegrar el alma, y contentar al espiritu atormentado que mora en mi cuerpo esta mañana, espero que os guste


Lágrimas brotan de mis ojos esta noche,

y como estrellas en el firmamento refulgen al caer por mis mejillas,

y así, lentamente resbalan por mi rostro,

y caen en el suelo en el que yo, me encuentro de rodillas.



No lloro por mi, sino por mi vida,

y por las cosas que me fui dejando en el camino,

por la desdicha,

por ese sentir que ya no siento,

por la desidia,

por el ser y no ser que ahora me he vuelto,

por la alegría,

de escuchar nuevamente tus relatos,

y ese lamento,

de saber que mientes mientras hablas,

solamente estas fingiendo,

y saber que por mas que yo lo intento,

no lo entiendo.

¿Y ahora?,

ahora mi vida no es más que un amor encarcelado,

una sensación de pánico a mi pecho atenazado,

un sentir sin sentir,

un pedazo de mi, que no esta en mi,

una tabla de multiplicar mal postulada,

pues amor por amor, no siempre con amor se paga.

Relatos rotos sueltos en un libro,

siluetas dentro de una foto, mal dibujadas ,

un sin sentido, una ilusión un truco de magia mal ejecutado,

un paradigma al que sin querer, me veo aferrado.



Pero no lloro por todo lo que paso,

sino por lo que aun queda delante,

por esa   vida que me espera,

y lloro por que no se como  enfrentarme a ella,

con que ojos la miro,

¿soy vencedor?,

¿o soy vencido?,

no se si debo afrontar con alegría  el destino,

o por contra,

he de reconocer que fue conmigo cruel el ser divino.



Mas he de vivir, y con esto afirmo,

que esta una postulación a favor de ello,

aceptar que lo que fui, mejor dicho , lo que fuimos,

quedo en el pasado, ¿muerto?,¿dormido?,

y que por mucho que sueñe con que no es cierto,

jamás podré cambiar lo que ya ha sido.

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sábado, 10 de enero de 2009

TIEMPO

Es sumamente extraño darse cuenta como a veces, la mayoría de ellas, las cosas no nos salen como quisiéremos que salieran, la vida no es un camino fácil sino más bien todo lo contrario, y no solo es eso, sino que nosotros mismos nos lo complicamos mas aún, eso es lo que puedo decir desde la experiencia que me da el trascurso de los años, las vivencias, los amores y desamores, el daño que hice o me hicieron, todo, el conjunto completo de mis vivencias como persona me hacen pensar de ésta manera, y no es mas que un simple razonamiento, repito que es mi razonamiento, y que no deja de ser más o menos cierto si lo sacamos del contexto de mi vida, puede que en la de María no sea cierto, pero lo mismo en la de Javier si se puede aplicar, eso es lo bueno que tienen este tipo de teorías, que no son demostrables empíricamente, no se pueden sustraer de la persona que las presenta, estudiarlas, y darles una explicación científica, ni siquiera se puede demostrar que sea cierto que esa teoría se cumple en esa persona, es un simple razonamiento que depende, en gran parte de las vivencias, como ya he dicho, pero en otra parte, depende del estado de ánimo de la persona que la postula en ese momento.


Vivir consiste en eso, en descubrir por nosotros mismos que las cosas no siempre son como queremos que sean, que no siempre podemos dar en la diana y salir airosos de las situaciones a las que nos enfrentemos, y darse cuenta que en la mayoría de ellas saldremos escaldados, bueno, esa no es exactamente la palabra, la cosa es que en muchas de ellas no saldremos bien parados, o dejaremos que otros salgan mal parados, es ley de vida, nada sucede sin un sacrificio, por chico que sea, bien sea nuestro o de otros, para que algo cambie, es necesario sacrificar otras cosas. ¿Como se demuestra eso? es fácil, demos datos: Por ejemplo, vas a una encuesta de trabajo, el trabajo que te gusta el que siempre soñaste, el que crees que te va a hacer feliz toda tu vida , haces la entrevista junto con otras quince personas, de esas personas, por lo menos diez van a la entrevista obligados por la necesidad de trabajar, tres por probar suerte, pero seguro que hay un par de ellos que piensan como tu, que es el trabajo que desean, que lo necesitan para ser felices, bien, aquí viene el tema, si tu lo consigues, estarás sacrificando la felicidad de dos personas, por lo menos durante un breve periodo de tiempo, si lo consigue uno de los diez que iban por obligación de trabajar o uno de los que fueron a probar suerte, estará sacrificando la felicidad de esas dos personas amén de la tuya, y si lo consigue uno de los otros dos que soñaban con ese trabajo, sacrifica la felicidad tuya y de la otra persona que de verdad lo buscaba.

Más ejemplos, en este caso el amor, el amor realmente, solo es un estado de ánimo temporal, no existe en si, no es algo tangible, pero duele si no lo conseguimos, ¿o no? veamos el caso, tienes una amiga que te atrae, sueles quedar con ella, y con otro amigo tuyo, de repente te das cuenta de una cosa, ambos están enamorados de ella, increíble, pero cierto, bien ¿ven el sacrificio en este caso? perfecto, así me gusta, tienes dos opciones, o sacrificas al amigo, o al amor... difícil elección ¿verdad?, pues yo, lo tengo claro, por lo que me ha enseñado la vida, el amor siempre estará en un escalón inferior a la amistad, así que, sacrificaría el amor, pero, ¿y si ambos piensan lo mismo? jajajaja si, cierto, en ese caso, seguirían siendo amigos los tres, pero todos habrían sacrificado el amor, es cierto que más adelante volverán a encontrarlo pero seguro que les supone algún tipo de sacrificio.
Un último ejemplo y acabo. Está de moda el cuerpo 10, pero está claro que para tener un cuerpo 10 hay que hacer sacrificios porque no es lo mismo quedarse en casa viendo una película, jugando a un juego o simplemente leyendo, a tener que ir al gimnasio, o salir a correr, si, vale, es verdad, hay gente a la que le gusta, ok, pero esa gente se sacrifica de otra manera, porque no todo es hacer ejercicio, sino que hay que mantener una dieta equilibrada, o hay que evitar siempre los excesos, etc... al fin y al cabo, un sacrificio.

Sin mas, Leo bajó del estrado y se adentró en la galería dejando a todos los invitados a la fiesta atónitos ante semejante disertación. Tardaron más de un minuto en sacrificar ese dialogo para volver a sus conversaciones sin fondo, insulsas y ruidosas, aun así, Leo pensó que había merecido la pena sacrificar unos minutos de su tiempo para conseguir aunque solo fuese un minuto de silencio para poder observar con detenimiento absoluto aquella magnifica obra de arte que tenia enfrente.

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jueves, 8 de enero de 2009

¿Como funciona el Corazón?

Aquella mañana no parecía en nada distinta a las demás, me levanté como todos los días a las siete menos cuarto de la mañana, tarde, como siempre, y me di cuenta de que en el tiempo record de quince minutos debería ducharme, vestirme y recorrer con mi motocicleta los quince kilómetros que separaban mi residencia de la facultad de medicina, tarea que era imposible para cualquier humano, por tanto no menos imposible para mi.
  Llegue tarde como de costumbre, y me dirigí a clase preparando miles de excusas, ninguna creíble, pero todas bien formuladas, de ese modo, aun sin creérselo, la profesora no me insistiría mas en el por que de mi retraso, dejándome pasar a clase mostrando cierto desagrado y propiciando hacia mi persona algún que otro comentario satírico que serviría para mostrarse por encima mía, y para que a su vez, el noventa por ciento de la clase profiriese alguna risita burlona que otra dirigida mas hacia mi persona que hacia el comentario de la profesora. Llegue a la puerta sobresaltado con la imagen de los compañeros burlándose de mi, no es de extrañar, dada mi naturaleza distraída, que casi me cayese al intentar golpear el hueco abierto en el que, sin dudarlo, a esa hora debería hallarse la puerta de la clase, pero no era así, ya que la puerta se encontraba abierta de par en par, y no cerrada como yo esperaba encontrarla, gracias al cielo, nadie se había dado cuenta de lo que acababa de suceder, y por tanto, mi casi caída quedó anónima para todos mis compañeros, al igual que yo.
 
Entre en clase lentamente, intentando calmar mi corazón que latía a un ritmo desenfrenado propiciado este mitad por la carrera, mitad por el sofocón de esperar las risas del patio de butacas en el que se convertía el aula en aquellos casos en los que había llegado tare, que , como bien había dicho antes, no habían sido pocos. Me decidí a sentarme en una de las ultimas filas de clase, para pasar inadvertido como de costumbre, los compañeros se arremolinaban en grupos de mínimo tres integrantes y máximo diez, era curioso observar como exceptuando el grupo mas numeroso, los demás se integraban completamente de personas del mismo sexo, teníamos ya una edad en las que las relaciones entre sexos deberían ser lo mas normal del mundo, sin embargo en aquel micro hábitat que era el aula 112 los individuos que lo poblaban aun se comportaban como chiquillos, evitando el menor indicio de contacto entre los diferentes sexos, solamente unos pocos eran capaces de dejar esa idea de lado y mezclarse entre ellos.
  Ocupado con estos pensamientos no me di cuenta de que la profesora entro a clase, y fue solamente cuando los compañeros empezaron a sentarse cada uno en su respectivo lugar cuando observo la presencia en el aula de la señorita Miranda, a la que reconoció por la bata, ya que era la única doctorada que usaba una bata de color naranja, según ella odiaba los típicos colores de los médicos, ella era profesora de biología, no doctora, y por lo tanto no tenia obligación de ir de blanco o azul. Aun así, aun teniendo delante de mis narices aquella bata de aquel naranja chillón que casi hacia daño a los ojos, me costaba creer que aquella fuese la señorita Miranda, su aspecto no era el de siempre, su perfecta cabellera negra que siempre iba perfectamente lisa y peinada, aquel día parecía más la melena de alguno de los leones del circo, que la melena de la profesora, así también como su rostro, siempre la había visto maquillada, perfectamente preparada, como si su vida fuese una cita continua, sin embargo ese día lucia ojeras, y su piel demostraba un tono pálido que denotaba que no había usado maquillaje esa mañana, su aspecto era otra de las cosas no demostraban que fuese ella, se veía cansada, doblada, como obligada por la fuerza de la gravedad a arquear su espalda, no mostraba esa actitud altiva y pedante que solía demostrar cuando entraba en clase, como intentando dar a entender que era la obra maestra de la creación, sino que parecía sumisa, indefensa, en un estado de dejadez mas propio de el que de ella.
  Todos estos datos carecían de importancia, dado que a cualquiera de los individuos de la sala se le podía ocurrir la idea de que todo el mundo puede pasar una mala noche, lo más impactante sucedió a partir de aquí.
  La profesora, con una voz prácticamente ininteligible, se dirigió a la clase, no paso lista como de costumbre, dado que el que no quisiese ir a clase, tenia permiso suyo para ausentarse, simplemente soltó una pregunta, una pregunta que nos extraño a todos:
  "¿Alguien sabe como funciona el corazón?"
  Evidentemente que lo sabíamos, éramos estudiantes de medicina, seria un sacrilegio no saber como funcionaba un corazón, era de lo mas básico que había que aprender, de hecho, era lo primero que comprobaban que sabias, si no, no tenias ninguna posibilidad de seguir hacia delante, todos nos quedamos callados, todos excepto Sebastián, el listillo de clase, que respondió a su pregunta con una explicación exacta, de como funcionaba un corazón.
  "El corazón humano es una bomba asombrosa. Tiene cuatro cavidades: Dos cavidades superiores más pequeñas, llamadas aurícula derecha e izquierda, y dos cavidades inferiores más grandes, llamadas ventrículo derecho e izquierdo, que son las que realizan el bombeo. Ciertos tejidos específicos generan señales...."
  La profesora Miranda no tardo en volver a hablar interrumpiendo a Sebastián,
  "Perdona mi interrupción Sebastián, pero creo que ya todos sabemos como funciona un corazón humano, sin embargo mi pregunta va mas allá, mi pregunta es si sabes como funciona el corazón, mas allá de la medicina, la ciencia, la mecánica o la cirugía, no me importa la ciencia, simplemente saber como funciona el corazón, ¿alguien lo sabe?"
  La pregunta quedo en el aire, flotando entre todos nosotros como buscando quien la respondería, alguien capaz de atraparla con una red invisible de conocimiento, alguien capaz de deshacer la increíble complejidad de la pregunta que acababa de ser formulada. Nadie habló.
  Así paso la primera hora de clase, a la que sucedió un pequeño descanso, un descanso que generalmente servia para que la gran mayoría de los alumnos del aula saliera al patio a fumar o a comer, o a ambas cosas, sin embargo el día se había tornado raro, nadie se levanto de su pupitre, nadie salio a fumar ni a comer, la profesora permanecía impasible en su sitio, mirando al vació, como si el no encontrar la respuesta a aquella pregunta le estuviese consumiendo el alma, ¿que le habría pasado? ¿Como había llegado a ese estado?, no lo sabia, y mucho me temía que, aunque contestases a esa pregunta, nunca sabrían porque la formulo de esa manera, ese día, en ese estado cuasi catatónico en el que se encontraba.
  El descanso paso, la sirena sonó aun cuando para ellos era inútil, ya que ninguno se había movido de su sitio. 
  La profesora volvió a hablar.
  "¿Alguien sabe como funciona el corazón?"
  La misma pregunta, ninguna respuesta, pasaban los minutos y nadie, absolutamente nadie, se atrevía a dar una respuesta.
  Fue cuando quedaban solamente cinco minutos de clase cuando una compañera, una muchachita tímida y retraída, de las que siempre estaban solas, como yo, se atrevió a levantarse y a hablar:
  "El funcionamiento del corazón humano es inexplicable, dos corazones no funcionan de la misma manera, aun siendo iguales, en proporción, masa y estructura, el corazón de los hombres no funciona igual que el de las mujeres y viceversa. Es normal que el corazón haga cosas sin pedir ayuda a la cabeza, y que así cometa errores, pero le es mas facil pedir perdón, que al cerebro, dado que conoce siempre su verdad, e intenta no ocultarla, Muchas veces se equivoca, hace cosas que no desea, simplemente por el hecho de experimentar nuevas sensaciones, otras muchas acierta, y deshace lo hecho con un simple gesto o una palabra que, aun saliendo físicamente por la boca, cualquier entendido en la materia sabría que sale del corazón, pues como ya hemos dicho, es mas fácil que el corazón pida perdón , a que lo haga la cabeza. El corazón es el músculo mas fuerte, y a la vez el mas débil, es el que más expuesto esta a que le hagan daño, y, siempre esta expuesto, de todas las formas que nos podamos imaginar, y por todas las personas que queramos pensar que se lo pueden hacer, o incluso por aquellas que pensamos que nunca lo harán. Perdona, pero no olvida, es muy difícil borrar una herida del corazón, aunque la verdad le importan poco las heridas, cuando esta bien se pavonea de ellas llamándolas cicatrices de guerra, y cuando esta mal las recuerda todas como desdicha de su existencia, pero ese ciclo pasa, y va pasando de igual manera por ambas etapas, pesándole siempre mas la primera que la segunda, y por tanto, reconociendo sus cicatrices con orgullo y sin arrepentirse de ellas. Es sencillo y fácilmente entendible si se quiere comprender lo que nos quiere decir, pero puede que no lo entendamos si lo que nos quiere decir no nos interesa, esa situación es la que le crea la herida mas grande, aun así, siendo nosotros mismos sus principales verdugos, siempre nos perdona y nos da una nueva oportunidad, intentando hacer de nuestra vida un lugar mejor donde vivir. Eso es lo que yo se e el corazón, así es como yo creo que funciona el corazón humano."
  La profesora Miranda la había observado atentamente en el momento de la disertación, había permanecido atenta a cada una de sus palabras a cada uno de sus gestos, una vez acabó de hablar, rompió a llorar y salio corriendo por la puerta. No la he vuelto a ver desde aquel día.
  La muchacha miró al suelo y se sentó, y mientras el resto de la clase estalló en un murmullo de asombro ante lo que acababan de presenciar, yo no podía apartar los ojos de ella, se llamaba Irene, y creo, que en algún lugar de mi cuerpo, llegue a escuchar con total claridad a mi corazón diciéndome, muchacho, me parece que te has vuelto a enamorar.

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